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Estella – Los Arcos

Hoy empiezo el relato del día por el final, porque nos hemos echado unas risas con “la tipología del paisano navarro”, que me resulta tan familiar.

Estábamos comiendo y decidimos pedir un taxi al hotel, que estaba casi 2 kilómetros, y ya pesaban.

LLamamos, y una señora responde: “ahora le llama mi marido”.

Efectivamente, así ocurre y una voz masculina y somnolienta contesta: “vale, ya voy con la Vito (furgoneta Mercedes local para todo).

Llega el chofer, paisano orondo donde los haya, y fatigosamente abre el portón trasero y nos dice: “echa aquí”.

Ya de camino y aguantándonos las carcajadas entablamos conversación: “estaba de siesta, no?”, a lo que responde: “no, tranquilo, es que mi mujer, que está de excursión en Portugal, tiene que mandar desde allí”.

¡Cuánta ironía seca y ternura escondida! Hacía bastante que no me encontraba con este humor que se expresa más en el tono que en las palabras…

En otro orden de casas, ha habido otra pérdida, los billetes de vuelta del tren, y no he sido yo. Lo dejo ahí… Como todo en la vida tiene solución menos la muerte ya se han recuperado “electrónicamente” ¡Viva la tecnología!

Y ya de vuelta a la crónica del camino de hoy, que comienza con una mañana muy fresquita, entre viñas, almendros y colinas suaves. Apenas a 3 kilómetros aparece La fuente de vino de Irache, donde los peregrinos pueden servirse un pequeño sorbo de vino o agua antes de seguir.

Pasas por pequeñas aldeas como Azqueta y Villamayor de Monjardín, este último coronado por el castillo de San Esteban, que domina toda la comarca. Buenos lugares para un paroncito de tortilla y café.

Y siguiendo por viñedos y caminos rurales aparece a lo lejos el perfil de Los Arcos, con su iglesia de Santa María asomando entre tejados rojizos.

Al llegar, la plaza porticada del pueblo ofrece el mejor premio: una terraza, algo fresco para beber y la sensación de haber avanzado un tramo importante.

Beatriz

Beatriz Cancio: