No se si fue el masaje shiatsu del día anterior pero salimos llenos de energía, atravesando el Puente de la Rabia sobre el río Arga.
Había llovido durante la noche y el aire era todavía fresco y olía a hierba mojada.
Con el río Arga como compañero fiel cruzamos bosques, puentes y pueblos. Saludamos a peregrinos, ya amigos del Camino y nos encontramos con caras nuevas de diferentes lugares, americanos, de Rumanía, Corea, Irlanda, etc., con los que compartimos esa mezcla de cansancio y gratitud.
Larrasoaña parece dormido todavía, las casas de piedra guardan flores en los balcones y el puente medieval invita a detenerse.
Entrar en Pamplona es como despertar de un sueño rural. Comemos un menú de lujo en su casco viejo.Rodeada de murallas nos espera su catedral y sus iglesias.
Las temidas ampollitas aparecen y hay que cuidarlas.
Hoy, miércoles y tercer día del Camino hago el tramo Pamplona-Puente la Reina en taxi. Santiago continúa caminando.
Me pierdo el famoso monumento de los peregrinos de metal con el siguiente mensaje: “Donde se cruza el camino del viento con el de las estrellas”.
Puente la Reina es un destino precioso: su puente de siete arcos de Piedra y la sensación de haber llegado a un destino final precioso: 7 arcos de piedra y la sensación de haber llegado a un lugar con historia y a alma de peregrino.
Yo cuidando mis pies y recuperando fuerzas.
Lo mejor es que nuestros amigos M. José y Georges ya están aquí. A partir de mañana somos “el grupo de los 4 peregrinos”.
